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10 de Junio de 2008 |
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Hola muchacho:
No sabes cuánto necesitaba un caso como el último que he tenido. Estábamos Marga y yo muy tranquilos en la oficina la mañana del 10 de mayo, explicándole viejos casos, cuando sonó mi vetusto teléfono negro. Lo cogí al cuarto tono y al otro lado me hablaba una voz afrancesada: se identificó como uno de los capos de la firma de joyas Cartier, y tan sólo me dijo una cosa: "Le espero mañana a las 7 de la tarde en la cafetería del Hotel Majestic Barriere, en Cannes. Dentro de una hora le llegará los billetes del avión. No me falle." Y colgó.
Como comprenderás, muchacho, aquello hizo hervir mi sangre de emoción, tenía ganas de aventuras y, para más inri, al día siguiente comenzaba el Festival de Cannes.... ¿Tendría eso algo que ver? Puntual acudí a la cita. Un hombre pequeño como un jockey y muy bien vestido me cogió del brazo y me llevó a la habitación 512, una de las suites del hotel. Fue abrir la puerta y empezar a creer en Dios: allí, a dos metros de mí, se encontraba la mismísima Monica Belluci, abrazada por un elegante vestido blanco y un collar de diamantes que debía lucir durante la presentación de "Una Historia Italiana", su última película.
El ex-jockey me dio instrucciones claras: "Pinkerton, tenemos sospechas de que una banda quiere robar las joyas que luce Monica. Te hemos buscado porque no queremos que nadie del entorno lo sepa. Tu misión será no separarte de ella en ningún momento, y a la mínima sospecha, actúa." Tuve claro que semejante bombón de caso era un regalo divino, y además, con lo que me pagaban, cubría el sueldo de Marga durante un año.
La Belluci no me dirigía la palabra en ningún momento, y mi escueta figura apenas aparecía en su campo visual, pero mis ojos no podían apartar la vista de sus grandiosas.... joyas. Todo el mundo que se le acercaba era sospechoso: el director del hotel, el galante maitre del restaurante, su agente de prensa, los periodistas especializados.... Apareció de repente Sean Penn, presidente del jurado, y fue verle e imaginarle como el cleptómano guitarrista de "Acordes y Desacuerdos". Una vez que acabaron la conversación, no me quedó otra que cachear al actor. Sólo percibí una pequeña petaca, y le dejé continuar con sus labores de presidente del jurado.
En la alfombra roja todo el mundo admiraba y chillaba a la actriz italiana. Era la gran estrella de aquel día. Su belleza era perseguida por todas las miradas, y su collar de brillantes por los mezquinos ojos de algún ladronzuelo de guante blanco. Durante la proyección, la oscurecida sala era el lugar perfecto para perpetrar el robo. El director de la película se arrimaba mucho a la actriz, quizás para hacerle comentarios sobre la misma, o quizás para hacerse con la preciada joya. Por sospechar, hasta empecé a sospechar de mí mismo, ¡o incluso del ex-jockey! Los 148 minutos de metraje se me hicieron eternos....
A pesar de semejante vorágine, llegamos al hotel de vuelta con el collar rodeando el hermoso cuello de Monica. En el hall nos cruzamos con Woody Allen. Antes de pedirle un autógrafo le cacheé, no fuera que alguien le hubiese llamado al móvil diciéndole "Constantinopla". En la suite, la Belluci desabrochó la joya y me pidió que yo mismo la introdujera en la caja fuerte mientras ella se tomaba una ducha. Qué belleza entre mis manos, qué brillo de lujuria.... un segundo más y acabo probándome el collar. Pero apareció el ex-jockey en ese mismo instante. Me pagó religiosamente por mis servicios y me felicitó por mi gran labor.
Muchacho, te aseguro que soy incapaz de entender por qué me contrató para semejante labor y sobre todo, quién le habló de mí. En cualquier caso, ese francés bajito y elegante me llevó al cielo por un día, me enseñó el paraíso y, cuando más a gusto me encontraba, me devolvió a mi polvorienta oficina en billete de turista.
¡Un saludo!
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7 de Mayo de 2008 |
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¡Hola muchacho!
Mi periodo de descanso me hizo reflexionar mucho sobré qué necesitaba como detective para volver a encauzar mi carrera. Curiosamente, la idea me llegó en la Guayana Francesa, mientras ojeaba la revista del gremio que me mandan periódicamente. Allí, en la página 7, me encontré un reportaje que se titulaba "La Mujer Detective". No, muchacho, no decidí cambiarme de sexo, sino incorporar a mi agencia unipersonal a una secretaria que me ayudase en el día a día.
No quería a una mujer curtida en la materia, prefería una chica joven que poco a poco se fuese enamorando de esta profesión tan pasional que es la mía. Así que acudí a diversas academias de secretariado en busca de mi media naranja laboral. Me facilitaron curriculums de jóvenes con el título recién sacado, y tuve que hacer un complicadísimo proceso de selección. Finalmente, llamé a cinco de ellas para entrevistarlas personalmente.
Durante esos días no hacía más que pensar cómo iba a cambiar mi trabajo a partir de ahora, me empapé de libros de novela negra y traté de imaginar cómo sería mi nueva secretaria y futura detective y compañera. ¿Sería como la Warshaski? Ummm, no sé, no me imaginaba a mi lado a alguien estilo Kathleen Turner.... Tampoco me veía trabajando con una Petra Delicado o una Miss Marple. Prefería a alguien que pudiese adaptarse a mi estilo y mi forma de trabajar, pero que a su vez aportara inteligencia y organización. ¡Necesitaba a Cordelia Gray! Que además, ella empezó como secretaria de detective. Aunque, ahora que recuerdo, se hizo detective debido al suicidio de su jefe...
Una vez que hice las entrevistas, muchacho, me decanté rápidamente por una de ellas. Se llama Marga Setién, y me transmitió una profesionalidad fuera de lo común. Tiene 22 años, como Cordelia, y se proclamó admiradora vitalicia de Phillipe Marlow. El lunes empieza, y ya le he montado su mesa en mi polvoriento despacho. Pronto la conocerás, muchacho, iremos a verte al psiquiátrico en cuenta la vea capacitada para conocer a un necrófilo. |
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8 de Abril de 2008 |
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¡Hola muchacho!
Me pongo en contacto contigo de nuevo tras mi largo paréntesis vacacional en la Guayana Francesa. Ya te hablaré largo y tendido sobre mi aventura en esos lares, pero quería contarte ahora lo mucho que cambió mi vida el pasado 24 de marzo: el día que murió Rafael Azcona.
Ese día se fue mi mayor mito cinéfilo, querido amigo. Oh, muchacho, ¡cuántas veces le busqué en las calles madrileñas, en los cafés, en esos Vips donde cogía un libro de la tienda para leerlo mientras saboreaba un larguísimo café!.... Me sentí tan desolado que quise morirme, y qué mejor manera de irse de este mundo que haciéndole un homenaje e imitar el suicidio colectivo de "La Gran Comilona".
Sí amigo, por absurdo que parezca, eso pretendí. Pero no me valía con comer espaguetis hasta estallar como el gordo de "Seven". Si iba a morir, tenía que ser degustando lo mismos platos franceses que en la película de Ferreri. Así que me fui a casa a revisar el vídeo una y otra vez para ir anotando las recetas de semejantes suculencias. Me fui al mercado y compré los ingredientes necesarios, y me puse manos a la obra. Pero amigo, ¡lo fácil que es hacer unas lentejas y lo complicado que es un Caviar D'aubergine! Así que pensé en una solución.... En vez de hacer yo esos platos, me iría a un restaurante francés a comer tanto como el tipo ese de "El Sentido De La Vida". Me daba igual dejarme el sueldo en ese antro de lujo, pero estaba dispuesto a no salir vivo, o al menos consciente, de allí. Pero, después de cuatro entrantes, dos primeros platos, tres patés, dos segundos y el mejor vino de la bodega, me puse tan malísimo que fui incapaz de ingerir más alimentos.... Me sentí como Paul Newman en "La Leyenda del Indomable", sólo que en vez de tragar huevos duros, me metía caracoles a destajo.
Un camarero parisino tuvo la bondad de llevarme a mi casa y me dejó tumbado en el sofá. Me dio consejos para desintoxicarme de semejante comilona y me dijo que me sacara de mi cabeza la idea de suicidarme a base de comer. Yo le hice más o menos caso, pero aún así, conseguí una guía de cría de caracoles comestibles, con la idea de ir haciéndome con una buena manada en casa y comérmelos todos acompañados con un buen Chateau D' Yquem....
Bueno muchacho, aquí me despido, con dolores estomacales y aerofagia a raudales, esperando en breve poder reiniciar mi labor como investigador privado Pinkerton, que mis clientes se impacientan.
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