Mr. Pinkerton

Mr. Pinkerton y el tesoro del safari

Mr. Pinkerton y el tesoro del safari

¡Hola muchacho!

¿Cómo va tu inicio del verano?. Me han dicho que tuvieron que retirar el ventilador de tu celda, ya que te empeñabas en que aquellos que entraban allí metiesen un dedo por las rejas del aparato. Yo he tenido un caso que me ha llevado de safari, emulando a Clark Gable en “Mogambo”. Me encontraba yo en la piscina de la casa de la madre de Marga (no me preguntes qué hacía yo allí), cuando recibí un telegrama (tampoco me preguntes cómo narices sabían que yo estaba allí) que decía: “Mr. Pinkerton. STOP. Cómprese un spray anti mosquitos y acuda usted y su ayudante con ropa de safari al aeropuerto. STOP. Le esperamos en las salidas de la T4 mañana a las 07:00 AM. STOP. Yo seré el del sombrero de aventurero. STOP”. Así que dejé el té con pastas con el que me estaba agasajando la señora para ir directo a comprarme el material que me pedían. Muchacho, sin duda me esperaba un caso apasionante.

Mr. Pinkerton y las teorías conspirativas

Mr. Pinkerton y las teorías conspirativas

¡Hola muchacho!

¿Cómo pasaste el mes de mayo?. Según me dijeron, te dejaron salir cada tarde para acudir a las corridas de Las Ventas. Lo que no sé es si se debe a tu afición taurina o a tu pasión por la sangre ajena… Yo pasé unos días muy moviditos a finales de mayo. Tuve un caso de los que hacen afición… a priori. Hace unas semanas me encontraba garabateando unos papeles mientras me tomaba mi té en el Café Comercial cuando, de repente, una señora de mediana edad, sudorosa y ajetreada, se sentó a mi lado no sin antes cerciorarse de que nadie la observaba. Muchacho, me bastaron esos pocos segundos para detectar el cariz del caso que se me aproximaba. Se presentó como Matilde Martos, Catedrática de Derecho Internacional en una conocida universidad privada. Le pedí un vaso de agua fría para que fuera refrescándose y ordenando sus palabras que iban a describir el nuevo caso: “Mr. Pinkerton, acudo a usted por su profesionalidad y por lo alejado que está de este tipo de casos. Vino a mí un ladronzuelo que, sin saberlo, le había robado el maletín a un diplomático extranjero. Al llegar a su casa lo abrió y encontró allí papeles que hablaban de un posible atentado aprovechando la próxima visita del Secretario General de las Naciones Unidas. ¿Por qué me buscó este chico?. Porque mi nombre aparecía en los papeles como una de las personas que podían frustrar el magnicidio”.

Mr. Pinkerton en el Oeste

Mr. Pinkerton en el Oeste

¡Hola muchacho!

¿Cómo va esa alergia primaveral?. Me han dicho que casi superas tu record de 18 estornudos consecutivos. Bueno, tú no desesperes; vete con un notario a la Casa de Campo e introdúcete en la vegetación. Yo inicié el mes de Abril con el mismo tono grisáceo que cantaba Sabina en su famoso tema. Los primeros días estuvo la cosa de lo más parada. Me pasaba las horas con Marga jugando al Tute. Luego nos hartamos de las cartas y ella rescató de su casa una vieja caja naranja de Juegos Reunidos Geyper, y nos lo pasábamos pipa… hasta que una de esas tardes me llegó un telegrama: “Mr. Pinkerton: acuda a la Embajada Americana inmediatamente”. Aquello me sorprendió sobremanera… Lo vinculé a algunos de los viajes que había hecho recientemente a EE.UU… pero nada tenía que ver. Al llegar a la Embajada me sentaron en una sala engalanada, y estuve allí esperando como media hora hasta que se abrió una puerta en la que apareció… ¡Clint Eastwood!.

Mr. Pinkerton en la Gran Vía

Mr. Pinkerton en la Gran Vía

¡Hola muchacho!

¿Cómo te fue en Semana Santa?. Me contaron que os llevaron de excursión a la tamborrada de Calanda, aunque no fue muy acertada la decisión, ya que algunos de vosotros sufristeis una crisis debido a la ansiedad producida por semejante escandalera. Yo lo pasé descansando en Madrid. Le di a Marga días feriales y puse el cartel de “cerrado por vacaciones” en mi despacho. Ya sabes que en esta semana es una locura viajar, así que nada como disfrutar de la capital en estos días en los que el tráfico no es tan agobiante. Lo dediqué a leer (el nuevo libro sobre Agatha Christie), a dormir (diez horas al día), a pasear (qué gran parque es el Retiro) y a quedar para comer con algún amigo que otro (hay un griego en la bajada de Santo Domingo fantástico). Una de mis caminatas predilectas por Madrid empieza siempre en la Glorieta de Bilbao, frente al Café Comercial. Me tomó allí un café con churros mañaneros, y tras observar a los que allí desayunan (me encanta imaginar sus vidas) me dispuse a bajar por la calle Fuencarral destino a Gran Vía. Adoro bajar por Fuencarral… tan moderna, tan extravagante, con gente llegada de todos los planetas… y qué distinta es a su paralela, la calle San Bernardo… tan gris, tan sosa, tan incómoda… Bajé pues por Fuencarral hasta llegar al cruce con la Gran Vía, donde está el edificio de Telefónica. Antiguamente cruzaba el paso de cebra y me metía en Madrid Rock, mítica tienda de discos donde me compraba los vinilos de mis grupos ochenteros preferidos… Qué pena, muchacho. El tiempo y la modernidad arrasan con todo, sin dejar títere con cabeza.

El vuelo de Mr. Pinkerton

El vuelo de Mr. Pinkerton

¡Hola muchacho!

Siento que finalmente no hayas podido quedarte con ese pitbull que tanto te gustó en la visita a la perrera que hicisteis por San Antón. Por lo demás, espero que tu comienzo de año haya ido bien. Yo he tenido un caso que me ha hecho recordar una vieja afición que tenía medio olvidada: la historia de la aviación. Llegó a la oficina una señora educada, de buena posición, y me dijo lo siguiente: “Mr. Pinkerton, dentro de un histórico hidroavión llamado Plus Ultra, se halla un pequeño papel que mi pariente, uno de los tripulantes, escondió en un pequeño hueco que está fuera del alcance de la vista. Sé que escribió algo y no puedo vivir un año más sin saber qué narices puso”.

Ese histórico avión, muchacho, fue el primero que cruzó el océano Atlántico para unir España con Hispanoamérica. Aquello fue todo un hito para nuestro país, aunque hoy haya quedado en el olvido, quizás porque luego llegó Lindberg y cruzó de nuevo el océano… pero esta vez en solitario y sin hacer escalas. El auténtico Plus Ultra se encuentra en Argentina, país en el que hizo su última y definitiva parada, y cuyos habitantes salieron a la calle en masa para celebrar la gesta. Así que la señora me facilitó un billete de avión y dinero para mis gastos allá.

La influencia de Sherlock Holmes en Mr. Pinkerton

La influencia de Sherlock Holmes en Mr. Pinkerton

¡Hola muchacho!

¿Cómo has pasado estas fiestas navideñas?. Me comentaron que se lo hiciste pasar muy mal al pobre hombre que os hizo una visita disfrazado de Papá Noel. El hombre no podía saber que regalarte un DVD con tres películas de Tom Cruise era lo peor que podía haber hecho aquel día. Yo he pasado la Navidad esperando ansioso el estreno en enero de la nueva película de Sherlock Holmes. Ya sabes que es mi personaje detectivesco preferido. Fue la lectura de sus libros lo que me hizo a los diez años llegar a la conclusión de que mi futuro estaba ligado a las intrigas y a los casos a solucionar.

Mr. Pinkerton y el destape setentero

Mr. Pinkerton y el destape setentero

¡Hola muchacho!

¿Cómo te va todo?. Llevo tiempo queriendo ir a visitarte, pero creo que lo mejor es esperar al 6 de enero, y así te llevo de regalo ese muñeco Hannibal Lecter a pilas que me pediste. Sé que es sólo de plástico pero, sólo con verlo, da como escalofríos… La verdad es que yo estas navidades tendré un recuerdo para Jose Luis López Vázquez. Sí, muchacho, López Vázquez lo ha sido todo para dos o tres generaciones de españoles. Un gran actor y, sin duda, un cómico de los pies a la cabeza. Y sé que los muchachos como tú veis esas películas de los 70 como algo rancio, algo de abuelas… pero debes saber que esas películas suponían como una manera de evadirse, de salir del cascarón para muchos que vivíamos en una dictadura recatada. López Vázquez demostró su calidad como actor en algunos dramas, pero yo nunca olvidaré su etapa en el cine de destape.

La noche de Halloween de Mr. Pinkerton

La noche de Halloween de Mr. Pinkerton

¡Hola muchacho!

¿Cómo te fue en la noche de Halloween?. ¿Fuiste de celda en celda diciendo eso de trick or treat?. Aunque seguro que pediste un permiso especial para pasar esa noche en el cementerio. Ya sabes que no me siento cómodo con las tradiciones anglosajonas impuestas con calzador por los centros comerciales, así que esa noche decidí alejarme de mi piso, para así esquivar a los doscientos niños que esa noche van de letra en letra llamando a los timbres. Además, había pintado las paredes de la casa, así que decidí pasar la noche en la oficina. Marga me invitó a dormir con ella y su madre, pero decliné la invitación; no quería ser una carga para las dos. También pude haberme alojado en un hotel, pero me di cuenta de que nunca había pasado una noche entera en mi oficina, y qué mejor ocasión que aquella. Sin embargo, la noche que pasé allí fue… terrorífica. Me llevé mi edredón del cartel de “Casablanca”; mi idea era dormir sobre el enorme sofá de cuero negro de la entrada. Para conciliar el sueño, me llevé un libro perfecto para la ocasión: “Drácula”. El silencio y la tranquilidad reinaban en mi despacho. En ese edificio abundan las oficinas, y tan sólo viven tres familias, y ninguna con niños alocados. Andaba por la página 43 cuando, tras un leve titubeo, la luz se apagó. Me entró un ligero escalofrío, y recordé lo mucho que me asusta la oscuridad; por eso guardo en cada cajón un par de velas. Tras tropezarme con todos los muebles de mi despacho, agarré una de las ellas y la encendí. Comprobé que el apagón sólo afectaba a mi edificio; las calles permanecían iluminadas y radiantes. Ya sé, muchacho, que un hombre de mi edad no debería asustarse como un chiquillo, pero te puedo asegurar que cuando escuché un aullido de lobo, rejuvenecí hasta los siete años de edad, y me puse a gritar como un chaval recién asustado por su hermano mayor en una noche de tormenta. Maldije en ese momento todas las películas de miedo que había visionado hasta entonces.

El espíritu olímpico de Mr. Pinkerton

El espíritu olímpico de Mr. Pinkerton

¡Hola muchacho!:

¿Cómo se encuentra mi enfant terrible?. Espero que ya hayas superado la depresión post Madrid 2016. Ya sé que estabas muy ilusionado y que pensabas presentarte como voluntario y todo. Precisamente, estas últimas semanas he estado muy comprometido con la causa, ya que recibí una llamada del alcalde pidiendo mi colaboración y mi presencia en Copenhague: “Estimado Mr. Pinkerton, el alcalde y Madrid necesitan de tu astucia. Quiero que vengas con nosotros para que hagas de lobby, pero, sobre todo, para que pongas mil ojos y otros tantos oídos, y allá donde veas un contrincante hablando mal de nuestra candidatura, allá vayas a impedirlo. Las Olimpiadas del 2016 tienen que ser para Madrid”.

La Roma cinéfila de Mr. Pinkerton

La Roma cinéfila de Mr. Pinkerton

Ciao ragazzo!

Come va?. Bueno muchacho, podrás imaginar tras este saludo inicial que este verano he estado en Roma, la ciudad eterna. Como todos los años, me tomé unos días de vacaciones en agosto y decidí irme a la capital italiana. Durante cinco días no quería saber nada de casos, clientes, asuntos turbios, seguimientos ni robos de joyas; tan sólo quería disfrutar de lo que esa gran ciudad me pudiese ofrecer. Pero muchacho, un detective es como un Papa, que vaya donde vaya, y esté donde esté, no puede distanciarse de su profesión.