“Al final de la escapada”, 50 años de un estilo rompedor
Querido primo Teo:
Antes de ver “Al final de la escapada” yo era un chico normal a punto de iniciar una aburrida carrera universitaria. Después seguí siendo la misma persona, quizá un poco más desquiciada. Y es que una película no te cambia la vida: hacen falta muchas películas. Y muchas películas vio Jean-Luc Godard (también conocido como Dios) antes de dirigir su primer filme. Previamente a la Nouvelle Vague, los directores de cine no solían ser grandes cinéfilos, sino que la costumbre era escalar desde los puestos más bajos de la industria (ayudantes, montadores, guionistas), hasta alcanzar el puesto de realizadores. Como dice el mismo Godard (uno de sus grandes valores es que es una fuente inagotable de citas), es inimaginable un escritor sin un gran conocimiento literario, y sin embargo lo habitual en el cine era que los directores fueran analfabetos cinematográficos. Todo esto tiene su importancia a la hora de comprender la importancia de Godard y sus correligionarios en la evolución del cine. A partir de ellos las películas ya no hacían referencia a la realidad, sino que eran espejos de otras películas. Para mucha gente sus filmes son confusos e ininteligibles; lo que pasa es que son películas referenciales en las que muchas veces hace falta conocer otras películas para poder comprenderlas. Así, “Al final de la escapada” es un homenaje a las películas de serie B norteamericanas con gangsters, femme fatale y demás arquetipos puramente cinematográficos.




