“Johnny Weissmuller. Biografía”

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Cine + Tarzán = Weissmuller. Esto, que parece una fórmula química tan inexorable como las ciencias exactas, se debe a que es el caso de identificación más extrema entre persona, que no actor, y personaje. No tenía pensado enfrascarme en ningún relato extenso sobre su vida, pero Juan A. Pedrero Santos me ha convencido de que estaba equivocado, o que lo que sabía era poco para poder poner en su lugar a un hombre y un fenómeno que merece ser mejor conocido. En Febrero de 1950, una asociación de prensa deportiva organizó una votación entre profesionales para elegir al mejor nadador de la primera mitad del siglo XX. Weissmuller recibió 132 votos, frente a los 20 del siguiente clasificado. Sus cinco medallas de oro olímpicas y, sobre todo, su record en cien metros imbatido durante diez años, se solapaban positivamente con el personaje de Tarzán, hasta llevar la popularidad de ambas imágenes hasta el trampolín desde donde asombraba y entretenía a sus fans, que ese mismo año pudieron mascar a gusto el nuevo chicle llamado “Johnny Weissmuller”.

Título: “Johnny Weissmuller. Biografía”

Autor: Juan A. Pedrero Santos

Editorial: T&B editores

Primera edición: Febrero de 2010

Nota de la Redacción: A raíz de su elección como el mejor nadador de todos los tiempos, se sucedieron muchos homenajes como el de nombrarle hijo predilecto de Windber, en el estado de Pensilvania, donde se pensaba que había nacido porque aunque lo había hecho en Rumania, falsificó su certificado de nacimiento cambiándolo con el de su hermano pequeño que si había nacido en Windber, para poder representar a Estados Unidos en las olimpiadas. Esta biografía combina con amenidad los tres aspectos más atractivos del deportista, el personaje selvático y el hombre.

Johnny Weissmuller nunca perdió la fama que le dió Tarzán a lo largo de casi dos décadas. Si en los años treinta recibía miles de cartas de admiradores a la semana, a finales de los sesenta aún llegaban alrededor de doscientas por semana. Algunas incluso conseguían llegar sólo gracias a su fama y la del servicio postal norteamericano, porque como dirección figuraban las señas más absurdas: Tarzán. Hollywood, California, en el mejor de los casos. Juan A. Pedrero tiene como una de sus variadas y bien seleccionadas fuentes la biografía escrita por Narda Onyx y publicada en 1964, “Water, World & Weissmuller”, donde se relacionan algunas de las descabelladas direcciones que traían esas cartas: Tarzán, one of western world, Kenya, Africa. Hollywood; Johnny Weves Muller, 406 California; Tony Was A Miller, U.S.A. (Tarzan); Father of Boy, Johnnie, A Metro-Goldwyn-Mayer Picture; Westmiller, filmstar. Calva Citi; Apelephantmuller, Tarzan; Tommy Wisemiller, c/o Swimming Pool Co., West Coast; Olympic Swimmer, Tarzan, Local, California; Jorn Weis Miler, Culliver, World; Mr Weissmuller, Black Sands Subdivision, Mainland Office, 16 W. Erie St., Chicago 10, Illinois; John W., Champion Swimmer and Actor, Hollywood; Johnny Wiscier, RKO Picture, Pasadena… A tan disparatadas direcciones se unían además todo tipo de errores ortográficos a la hora de escribir el apellido del actor: Weisermueller, Weissmiiler, Weisomula, Wellsmullar, Wailsmular, Weismeler, Wessimulare o Wessmyllar. El contenido también era de lo más inesperado. Desde invitaciones a comer macarrones en casa del remitente, a un niño que le pedía ser su amigo porque no tenía ninguno, o para saber su opinión sobre la abolición de la silla eléctrica, el fin del colonialismo o el África libre.

LeercineJohnnyWeissmullerNadadorEl autor atraviesa los primeros años del joven nadador a buen ritmo, con buena contextualización y detalles de personalidad interesantes. Cuando comenzó a ser Tarzán tenía veintisiete años y lo pasaba muy bien alternando con gente famosa, montando en elefantes y luchando contra falsos cocodrilos. No falta el repaso, que no resulta fatigoso, de cada una de la docena de películas del personaje, revisadas con cariño y humor. Más tarde le seguiremos en matrimonios fracasados y la comprensión del encasillamiento al que había quedado reducida su carrera artística y que quizás el espectador nunca iba a creerle en un papel que no fuera el de Tarzán. A pesar de la demonización que suele hacerse de los grandes estudios y su sistema, parece que en este caso, y no es el único, hicieron un favor a su estrella permitiéndole actuar sólo en unos espectáculos acuáticos llamados “Aquacades”. Eran espectáculos de danza, música y natación que llegaron a alcanzar una gran popularidad. En la exposición universal de Nueva York en 1939, Weissmuller exhibía sus cualidades como nadador y saltador de trampolín en un anfiteatro estilo art deco, diseñado por arquitectos de primera fila, con 11.000 localidades y con una piscina inmensa.

Weissmuller murió en 1984 y El autor recoge con buen criterio el final de un capítulo del libro “Tarzán, mi padre”, escrito por su hijo. «Ese día en el cementerio, nos intrigó ver una rosa roja, marchitándose bajo el sol de Acapulco, sobre la tumba de Johnny Weissmuller. Le preguntamos a aquel anciano si sabía quien había puesto allí esa rosa. Contestó: “No tengo ni idea, porque mucha gente viene aquí a visitar la tumba de este buen hombre. Creo que todos ellos lo querían mucho”. Sí, estoy seguro de ello. A pesar de todos sus defectos, el mundo entero quiso a Tarzán. Descansa en paz, Tarzán. Descansa en paz, padre.»

Un cuarto de siglo después de su muerte, las películas de Tarzán están entre las menos olvidadas de la época, y siguen generando derechos a la empresa creada por el escritor Edgar Rice Burroughs, cuyos herederos se vieron defraudados por la oficina de patentes europea, cuando les dijeron que no podían cobrar cada vez que sonara el famoso grito de Tarzán, pero el caso sigue abierto y los nietos del que inventó al personaje a principios del siglo pasado no se dan por vencidos.

El libro recoge anécdotas curiosas, divertidas y que, si no son ciertas, merecerían haberlo sido. He aquí una de ellas para terminar.
ElrecordInmedible.htm

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Comentarios

jose mujica - 10.05.2010 a las 10:06

un buen relato que refleja la vida de uno de los grandes en la gran pantalla para la era hubieron muchas luminarias de el cine siempre me han fascinado las peliculas de esa era que lastima que ya no se vean estas peliculas hoy dia bueno grasias y saludos…

williams torrealba - 07.08.2012 a las 07:46

como jhonny weissmuller,no habra quien represente a tarzan, que dios lo tenga en su santa gloria

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