A vueltas con las descargas
Querido Teo:
La actitud reciente de un grupo de parlamentarios británicos y una encuesta en Suecia, indican el comienzo de un giro en la opinión sobre el asunto de las descargas de música, que inspira este artículo de uno de los miembros de la “comunidad gurú” de ese país. Enrique Dans, por lo general más integrado que apocalíptico en sus comentarios, se pasa al lado claro de la fuerza al referirse al mundo de las descargas: “Así, hemos podido ver cómo, en nombre de la más burda intoxicación, el fenómeno de las descargas en la red ha sido equiparado con cuestiones tan dramáticas como los tsunamis, la pederastia o el terrorismo, y cómo se insultaba a la inteligencia colectiva con las más estúpidas falacias, empezando por la más repetida de todas: que descargar es igual a robar”.
Los interesados en este asunto sabemos que el sistema de descargas, que permite compartir el cine al igual que otros contenidos, hiere profundamente a los modelos tradicionales de negocio, y eso se traduce en pérdidas, desempleo, y como apunta Dans en: “Mantener estructuras de costes innecesarias y aberrantes mientras lloriqueas al gobierno para que proteja tu modelo de negocio no es una estrategia sostenible: la tradición no es un modelo de negocio. En un mundo en el que todos sabemos y podemos hacer copias, dedicarse a vender copias es una propuesta perdedora”.
El viaje de la transición al mundo post internet podría haber sido más largo y menos doloroso, pero el ritmo no es controlable ni por gobiernos ni por multinacionales. Los empresarios siguen acudiendo a esas estructuras de poder y se desconciertan al no hallar respuesta, concentrándose más en la resistencia al cambio y en el vaciado de los beneficios por parte de los poderosos, que a la búsqueda de alternativas. El negocio está lleno de ejemplos de miedo. Los periodistas son sospechosos de pirateo al acudir a los pases convocados por las multinacionales, las grandes centrales publicitarias de Medios están atemorizadas ante la posibilidad de tener que manejar decenas de “nichos” fuera de los medios generalistas y disuaden a los clientes que se los piden, mientras se siguen manejando audiencias como si fueran armas de ataque y defensa, puestas en duda por el sentido común de vendedores y compradores.
Una encuesta realizada recientemente entre los visitantes de esta página, usuarios aficionados al ocio audiovisual sin duda, nos indicaba que casi la mitad estarían dispuestos a pagar hasta 3 euros por descargarse una película de estreno con rapidez y calidad. En estos momentos un estreno en DVD convencional, meses después del de pantalla, se mueve alrededor de los 18.
Todavía le queda al cine mucho viaje por delante para un cambio de modelo al mundo Internet, y también a un país que tras la cazicada del gobierno conservador de Aznar en Telefónica que dificultará la competencia durante años, y la incapacidad del gobierno progresista de Zapatero para resolverlo, sigue destacando por el tráfico de datos más caro y lento de Europa occidental.
En todo caso es un paso adelante el de los suecos que van dejando de mirar esto de las descargas como un asunto de piratas, y el de algunos parlamentarios británicos que comienzan a dejar de buscar la responsabilidad en los usuarios particulares, para pedirle a la industria que organice nuevos modelos o que cambien de trabajo. Se han dado cuenta de que tras años de descargas la música no está peor, no ha perdido creatividad ni seguidores, sólo ventas de discos. Con el cine ha ocurrido lo mismo, no faltan películas, hay más espectadores que nunca, aunque se vendan menos entradas. El capitalismo creador de necesidades eso lo detecta como interés y tras el interés está el mercado.
Carlos López-Tapia

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