Dentro de esta sección de escenas calientes no podemos olvidar “Boogie nights” de Paul Thomas Anderson, película que tenga más o menos secuencias de este tipo gira toda ella en la industria del cine X. La película sirve para homenajear indirectamente a John Holmes, uno de los actores porno más destacados de toda la historia que ya fue interpretado por Val Kilmer en “Wonderland”. Hizo carrera sobre todo en los años 70, década en la que los dueños de los cines concluyeron que no había mejor manera que sacar beneficios que proyectar películas de este tipo. John Holmes se hizo hueco en esta industria abriéndose paso con sus 35 centímetros de miembro viril con el que rodó 2274 películas acostándose en total con más de 14.000 mujeres. Tanto ritmo frenético puso fin a sus días a los 44 años al haber contraído la enfermedad del SIDA.
La película toma como referencia a Holmes, aunque el protagonista pasa a tener el nombre de Dick Diggler (que en un juego de palabras anglosajón significaría algo así como “pene erecto”). La película comienza con el joven en sus inicios como camarero hasta que es descubierto por Jack Horner, director del porno muy popular que le convierte en una estrella. Dick triunfa y acaba atrapado en esa espiral de sexo, drogas y prostitución que extiende su automarginación a la industria en si quedando esta poco a poco relegada de los cines en detrimento de películas más convencionales. Interesante ese momento clave que repartió los papeles de cada uno y que trasladó al cine X a las estanterías de los videoclubs.
“Boogie nights” trata sobre la industria del porno, pero lógicamente teniendo en cuenta que aunque vaya de independiente no puede irse muy alejada de las faldas de Hollywood, no existe sexo de alto voltaje en ningún momento sino insinuaciones y el relato de como era el proceder a la hora de rodar ese tipo de películas. Y eso que teniendo a un protagonista con semejantes atributos (Mark Whalberg demostró en el plano final de la película que tampoco tenía nada que envidiar a los centímetros del pene de Holmes) y a una actriz porno que además es ninfómana (una Julianne Moore corporalmente pecosa toda ella pero que está en “Boogie nights” mejor que nunca), se podría haber caído en lo fácil. La película no deja de ser el reflejo de una época de amor libre y sexo sin complejos a través del ascenso y caída tanto de una estrella del género (siempre luchando por ser considerado un actor de verdad) como de la industria en si.
gracias por la informacion, eh visto en dos ocaciones esta peli pero sin poder terminar de verla :S pero no entendia bien si era sobre algun porno star o solo una historia mas, esta interesante la pelicula y tiene muy buenos actores haciendo exceletnes papeles
Coronado -
06.06.2009 a las 20:35
Si que estaba magnífica, si. También Burt Reynolds como el director Jack Horner. Los dos fueron candidatos al Oscar.
Scordtse-tse -
06.06.2009 a las 13:26
La recuerdo. A ver si la reviso. Creo que la Moore estuvo nominada al Oscar.
Está claro que Malena es un nombre de tango, pero desde 2001 ese nombre nos evoca las imágenes de una espectacular Mónica Bellucci paseando por las calles del típico pueblecito italiano. En “Malena”, Giuseppe Tornatore nos ofrece un viaje iniciático en el que el joven protagonista vive sus primeras aproximaciones al amor, al sexo y a la pasión recurriendo al típico mito de iniciarse en el sexo con la mujer madura despampanante. Algo que los italianos siempre tienen en sus más ocultas fantasías gracias a la adoración de la figura de “la mamma”. Ya Fellini en su “Amarcord” lo reflejaba muy explícitamente en esa especie de sodoma y gomorra a lo mediterráneo.
“El cartero siempre llama dos veces” no podía faltar en una sección de cine erótico. Tenemos dos versiones y si la primera queda como la cinéfila la segunda es considerada la más ardiente. La primera película lanzaba a Lana Turner al estrellato con una aureola de mujer provocativa y femme fatale. La segunda, de 1981 y ya sin los puritanismos de aquellos años, se recuerda por el polvazo que llevaban a cabo Jack Nicholson y Jessica Lange en un lugar muy adecuado, la mesa de una cocina. Una fusión entre el placer culinario y el sexual. Una escena en la que la harina es el invitado perfecto y necesario para que la temperatura suba mientras sus dos protagonistas están con las manos en la masa.
Muchas veces la sensualidad y el erotismo nada tienen que ver con la desnudez y con la visión de partes corporales provocativas. Y es que hay momentos que hacen fácil lo difícil que es excitarnos simplemente con unos movimientos de cadera y un guante quitado. El erotismo no es pornografía, cosa que no comprenden los amantes de las escenas de sexo gratuitas. Sólo unos contoneos en las dosis adecuadas pueden hacer derretir cualquier iceberg. “Gilda” es, sin duda, el mito erótico en blanco y negro. Lo que en el cine de hoy podría considerarse algo recatado y puritano (aunque viendo la escena sigue destilando sensualidad por todos sus fotogramas), te puedes imaginar que supuso en su momento. “Gilda” se estrenó en 1946, suponiendo un boom en Estados Unidos y poco después un gran revuelo en la España de Franco que comenzaría a iniciar cierto aperturismo ya en los 50. “Gilda” fue ese primer icono exportado a una España pobre que soñaba con ser Glenn Ford y acabar rodeado de los brazos de la guapa pelirroja.
En una sección de cine erótico no podía faltar el vividor libidinoso por excelencia, Casanova. Y entre toda la filmografía del personaje la opción de Fellini es la más acertada a la hora de encontrar la dosis de barroquismo, ciencia ficción y sensualidad. La cinta, grandilocuente y fastuosa, tiene en el erotismo una de sus mejores armas. Primero presenta un Casanova cercano a la ambigüedad sexual para reflejar la atracción que sobre él proyectan hombres y mujeres. Donald Sutherland, en una de las pocas veces que le hemos visto sin un pelo en la cara, es el mascarón de proa de una película que nos lleva más que al siglo XVIII a un mundo paralelo en el que habita este personaje y sus innumerables conquistas.