Mr. Pinkerton y el terremoto de Los Ángeles

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!Hola muchacho!

¿Cómo has pasado el verano? Espero que te haya gustado el mini ventilador a pilas que te envié hace un mes. No quiero ni imaginar el calor que puede hacer en agosto en tu pequeña celda…. Te escribo desde un avión transoceánico a unos 34.000 pies de altura. A mi derecha, Marga te manda un afectuoso saludo y me insta a hacerte una visita para que os podáis conocer. Te preguntarás qué hacemos en un avión cruzando el charco…. pues te cuento.

Mi último caso me hizo ganar una amiga, Edwina, la cual me ha invitado a su nuevo chalet en Mallorca a pasar el puente de la Ascensión, pero también acabé frustrado, pues, quieras que no, en realidad Edwina me usó a su placer para ganar un caso de divorcio, y yo caí en la trampa. Eso me hizo replantearme muchas cosas, y decidí que era el momento de mejorar como detective, de reconstruirme y modernizar mis técnicas. Me acordé de un folleto que me llegó hacía un mes y que acabó en uno de mis cajones sin apenas leerlo: se trataba de un folleto informativo sobre una convención internacional de detectives que iba a tener lugar en Orange County, California a finales de julio. No me lo pensé dos veces; tenía un dinerillo ahorrado, lo suficente incluso como para que Marga me acompañase, aprovechando que su novio estaba de viaje de negocios.

El 25 de julio estábamos cruzando el Atlántico rumbo a Orange County. Marga se sinceró y me contó que su relación con su novio no pasaba por su mejor momento. Siete horas de vuelo da para muchas confesiones, muchacho. En el aeropuerto de Los Ángeles nos esperaba un chófer de casi dos metros con un cartel que ponía "Mr. Pinkerton". Se llamaba Spencer, y durante el trayecto al hotel no paró de contar chistes que, por supuesto, no entendíamos. El hotel era inmenso. Estábamos inscritos unos 600 detectives venidos de todo el mundo. Para ahorrar dinero, yo compartí habitación con un detective pakistaní y Marga con una de Malasia. La convención estaba compuesta de conferencias, grupos de trabajo, resolución de casos prácticos, dinámicas de grupos, así como actividades lúdicas como almuerzos temáticos, excursiones, discoteca y visionado de películas sobre detectives. Yo participé activamente en el cineforum dedicado a la película “Muerte bajo el sol”, donde Hércules Poirot descubría magistralmente al asesino de una joven actriz de cine. La película fue rodada en Mallorca, en 1982, y quizás por ser el único detective español se empeñaron en que fuese portavoz de mi grupo de opinión en este cineforum.

Los días iban sucediendo con tranquilidad, aunque llegábamos a la noche totalmente agotados. Yo me subía a mi habitación nada más cenar, pero Marga se animaba a ir a la discoteca, pues había hecho migas con un grupo de detectives mexicanos, que no tardaron en invitarle a pasar una semana en Cancún con los gastos pagados. La mañana del 29 de julio estábamos en mitad de una aburridísima conferencia cuando, a eso de las 11:42 de la mañana, toda la sala empezó a temblar. Las grandes lámparas, las mesas, el mostrador….todo se movía ante la incredulidad de todos los presentes. Muchacho, no te puedes ni imaginar el miedo que se pasa durante un terremoto. Todos los detectives empezaron a gritar y salieron corriendo como podían. Marga y yo optamos por apoyarnos en la pared y esperar a que aquella marabunta descontrolada se fuese diluyendo, pues no quería ser pasto de los pisotones de un grupo enloquecido de detectives….

Tan sólo duró 20 segundos, pero en ese intervalo me dio tiempo a maldecir en veinte idiomas a la falla de San Andrés, y acordarme, de paso, del famoso terremoto de San Francisco de 1906, salvando las distancias, claro…. Porque, aquel seísmo fue de 7,8 grados en la escala de Richter, mientras que el que estaba ocurriendo fue de 5,4; y no olvidemos que las infraestructuras de hoy en día no son tan débiles como las de entonces, obviamente. En cualquier caso, se produjo tal caos que mi prioridad era proteger a Marga, pues me iba a sentir muy culpable si algo le ocurría. Me vi a mí mismo como a Clark Gable protegiendo a Jeanette MacDonald en la película "San Francisco". Fuimos saliendo del hotel esquivando a toda aquella masa detectivesca, y salimos a la calle rumbo a un parque para evitar cualquier cosa que nos pudiese caer encima. Durante horas Marga y yo estuvimos en ese parque tumbados en el césped y riéndonos por todo lo que habíamos vivido ese día.

Muchacho, el piloto acaba de anunciarnos que estamos sobrevolando territorio portugués, ya queda menos para llegar a Madrid donde, por fortuna, no hay ninguna falla a la vista. Te he traído un recuerdo de Los Ángeles, te prometo que te visitaré pronto para dártelo, y de paso me cuentas cómo ha ido tu verano.

 

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