Harrison Ford tiene ese halo de superestrella hollywoodiense que sólo algunos privilegiados logran alcanzar. Posee gran carisma, dicen que atractivo físico, un inmenso poder de convocatoria, una gran fortuna a sus espaldas y, por supuesto, su correspondiente estrella en el Paseo de la Fama.
Pese a no estar considerado como uno de los grandes la industria del cine debería de estarle más que agradecida, simplemente por el pingüe beneficio económico reportado por la mayoría de sus películas. Generalmente se le ve como un buen actor de oficio al quizá le haya faltado, en un determinado momento de su carrera, un poco de suerte para alzarse con una de las preciadas estatuillas. Ya cada vez lo tiene más difícil. Sin embargo, si es paciente y espera unos años, tiene todas las papeletas para llevarse el Oscar honorífico, ese que la Academia entrega a los actores o directores cuando ya son unos abueletes para reconocerles, de alguna forma, el mérito por toda su trayectoria profesional...
Habrá actores mucho mejores que él. Pero pocos pueden presumir de haber creado tantos mitos cinematográficos. A Harrison le contamos tres: Indiana Jones, el cazador de replicantes de “Blade Runner” y el Han Solo de “La guerra de las galaxias”. Pocos pueden decir eso, y a sus 65 primaveras todavía queda Harry para rato. Mientras la mayoría a esa edad ya piensan en un retiro digno, Ford tiene planes de boda para este verano después de reventar otra vez las taquillas con su arqueólogo...Y si, para la forería el papelón de su vida no puede ser otro que ese...